Contaminación lumínica

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Eleonora Poitevin. Paseo Cósmico

La contaminación lumínica es el brillo del cielo nocturno producido por el mal diseño de alumbrado de nuestras ciudades, es decir que enviamos la luz hacia arriba en vez de enviarla hacia el suelo donde realmente la necesitamos para transitar.

Nos dedicamos a iluminar el cielo derrochando nuestros recursos energéticos y agrediendo el hábitat de los animales nocturnos y aves migratorias.

Le llamamos contaminación a toda esa luz que se emite o escapa por encima de la línea horizontal de las luminarias en la instalación de alumbrado en exteriores, esto produce un halo luminoso o resplandor en las poblaciones, de esta forma las partículas de polvo, agua o nubes que el aire contiene en suspensión parece que se reflejaran en el cielo con el mismo color de las misma, proyectando esa luz hacia el firmamento.

Para los observadores de la bóveda celeste se dificulta y llega a impedir la visión del las estrellas, esta es la consecuencia más lamentable para los astrónomos o para todos aquellos que disfrutan de la belleza del cielo estrellado, son contadas las personas que levantan su mirada hacia el firmamento por las noches, pues el mismo ha dejado de llamar la atención a causa de dicha contaminación, perdiéndonos de un maravilloso espectáculo y de una fuente de belleza e inagotables conocimientos.

Al tener una zona excesivamente iluminada, provocamos que las vecindades tiendan a imitarla, igualando ese nivel de iluminación, lo que conlleva a una reacción en cadena que agrava el problema. El ojo humano necesita un cierto tiempo para adaptarse en diferentes niveles de iluminación y si pasamos de una zona con exceso de luz a una menos iluminada tenemos una falsa impresión de que la luz es pobre o deficiente, y lamentablemente en ciudades como Guatemala, la iluminación la relacionamos directamente con la seguridad del lugar, entrar a una zona poco iluminada implica un lugar “inseguro” o peligroso.

La luz no aprovechada, que con frecuencia supera el 50% (farolas tipo globo), produce un exceso de consumo, reflejando un incremento en el gasto de combustible de las centrales eléctricas y en consecuencia, una mayor emisión de gases contaminantes a la atmósfera, responsables entre otras cosas del efecto invernadero, aumentando la temperatura media de nuestro planeta y de la lluvia ácida.

Todo lo anterior nos recuerda que es necesario concientizar a la población para que recuperemos los cielos oscuros y poder disfrutar de las maravillas del universo.

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