Nuestra agua en contexto: retos y oportunidades

Alex Guerra

Alex Guera Geo-céntrico

Esta vez busco aportar a la discusión que ha cobrado particular relevancia este mes en cuanto a la problemática del agua, poniendo en contexto el panorama nacional. Guatemala es un país rico en agua, figurando entre los que tienen más agua por habitante. Se han estimado más de 97,000,000,000 m3/año. También se ha estimado que utilizamos sólo entre 10 y 25% del agua. Eso nos posiciona en una situación privilegiada. Otros países han logrado salir adelante con mucho menos.

Se dice que disponemos de menos agua porque la mayoría de ríos y lagos están contaminados. Aunque no existan mediciones que lo demuestren, considero que sí es cierto. Hay que tomar en cuenta que dicha contaminación es eminentemente biológica, es decir, con bacterias provenientes de heces humanas y animales. Es un problema si se quiere utilizar el agua para consumo humano. La contaminación industrial es mínima puesto que no somos un país industrializado. Los países industrializados tienen un reto mucho mayor y más costoso en limpiar sus aguas. Incluso la contaminación por la agricultura es baja según he tenido oportunidad de estudiar en el lado sur de la Sierra de las Minas, en la Costa Sur y en la cuenca de Atitlán. Lo que se necesita es inversión en tratar el agua que se provee a la población para consumo domiciliar. Asimismo, gran parte se resuelve dando seguimiento al Reglamento de Aguas Residuales, vigente desde 2006 y que manda a industrias y municipalidades a tratar sus aguas residuales.

Hay necesidad de utilizar el agua para usos diversos, pero racionalmente. No cabe duda que no podemos dejar de utilizar el agua y que ésta es un elemento esencial para el desarrollo económico y social. La agricultura sin riego, que depende solamente de la lluvia, tiene rendimientos sumamente bajos y es altamente vulnerable a la variabilidad y cambio climático. Entonces, se debe apoyar el riego (eficiente) a todo nivel. También se necesita invertir en almacenamiento superficial y subterráneo del agua para distribuirla a lo largo del año. El almacenamiento puede ser a distintas escalas, desde embalses medianos, hasta reservorios en parcelas.

Es imperativo invertir nuestra energía, intelecto y recursos en buscar soluciones. Varios profesionales en la materia sugerimos los acuerdos locales, posiblemente por cuenca, para cubrir las necesidades de todos los usuarios. Ojalá que las discusiones actuales permitan utilizar la oportunidad para mejorar y no para generar más conflictos.

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