
Por: Justa de Monney Ser mujer es el mejor regalo que recibimos cuando nos entregaron la vida. Sin duda alguna, las personas nos recibieron con una sonrisa. Pero nuestras madres, para quienes tenemos más de 70 años, nos imaginaron de muchas maneras, pero ante todo fuertes, trabajadoras, obedientes, generosas.
Pero nosotras, en el transcurso de nuestras vidas, transformamos nuestras humanidades y somos orgullosamente: triunfadoras, irrepetibles, valientes, creativas, luchadoras, forjadoras de nuevas realidades, emprendedoras, pero ante todo un ejemplo vivo de que, aunque el viento sople tan fuerte, somos como el bambú: nos batimos, pero nunca nos quebraremos ante ninguna circunstancia.
Construimos un legado para las nuevas generaciones, pues sin tecnología logramos mantener la comunicación, responsabilidad, honradez, lealtad y amor para la humanidad. Donde hay una mujer hay esperanza, amor, comprensión y compasión.
Somos así: organizadas, disciplinadas, respetuosas, consideradas, pero orgullosas de contar con un pensamiento circular que no se detiene, en el que cabe el ritmo de la vida.
Mujeres, incrementemos el orgullo de ser MUJERES y vayamos cada día con mayor fuerza rompiendo los viejos paradigmas y descubriendo nuevos, que allanen el camino de nuestras predecesoras.
No consintamos la violencia en ninguna de sus formas y menos la descalificación. Adelante mujeres, somos la población mayoritaria del mundo. Reconozcamos nuestra posición y sintámonos ORGULLOSAS DE SER MUJERES.