
Por Edgar Castro
Desde muy joven soñé con formar parte de la Unión Astronómica Internacional (IAU), una organización que reúne a más de 12,500 astrónomos profesionales de 85 países, dedicada a promover la ciencia astronómica a nivel mundial. Fundada en Bruselas en 1919, la IAU es responsable de nombrar oficialmente planetas, cráteres, asteroides, exoplanetas e incluso cometas descubiertos por astrónomos.
Hoy, por una feliz coincidencia de la vida, tengo el honor de haber sido designado como Coordinador Nacional de Divulgación (NOC) de la IAU para Guatemala, en sucesión al Dr. Rodrigo Sacahuí, quien ha hecho un trabajo sobresaliente para posicionar a nuestro país en el ámbito de la astrofísica.
Los NOC no somos miembros oficiales, sino representantes honorarios elegidos por nuestra trayectoria y compromiso con la divulgación. Nuestra misión es acercar la Astronomía a todos los sectores de la sociedad: escuelas, comunidades, barrios, zonas rurales o urbanas, utilizando todos los medios a nuestro alcance, presenciales o digitales.
Nuestro objetivo es mostrar que más allá del día a día —el tráfico, los impuestos, las noticias— existe un universo vasto y maravilloso que vale la pena conocer. Vivimos en un cosmos en expansión, en una galaxia entre billones, formando parte de un sistema planetario entre millones. Comprender esto transforma nuestra perspectiva de la vida.
Este cargo es ad honorem, sin remuneración, pero con una recompensa invaluable: contribuir al desarrollo astronómico de Guatemala, abrir oportunidades para nuevos proyectos, y compartir el legado científico de los mayas.
Hoy, en una nueva etapa de mi vida, me entusiasma pensar: ¿Qué podemos lograr que nunca antes habíamos logrado?